EN LA CÁRCEL O MECÁNICO

No podemos obviar a este alumnado.

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03.03.2022

Hace unos días, en una tutoría grupal con el alumnado de Aula Taller del Centro Sociolaboral Casco Viejo, planteamos la pregunta: ¿Cómo te ves dentro de cinco años? La respuesta sorprende para un joven de 15 años: “en la cárcel o mecánico. Esta respuesta es refrendada por su compañero: “sí, sí, es que no valemos para nada y no sabemos hacer nada. Ya el año pasado ni iba al colegio”. Y es que la experiencia de estos jóvenes no ha sido positiva. Han sido desahuciados por el sistema educativo, son aquellos que, cuando no están expulsados, se les deja en la última fila de clase con el móvil para no molestar, aquellos que son los primeros señalados cuando existe algún conflicto, a los que no merece dedicar tiempo porque para qué, aquellos cuyas familias en general tienen un bajo nivel educativo y que difícilmente pueden ayudar a sus hijos e hijas en las tareas del colegio y por supuesto sin vínculos emocionales con sus profesores. Por otra parte, está situación de pandemia, que estamos viviendo y que se está alargando, agrava todavía más, si cabe, los problemas de este perfil de alumnado, ya que han generado hábitos y costumbres insanas: desorganización en los horarios (me acuesto tarde y me levanto tarde), uso exagerado del móvil, falta de relaciones personales cara a cara,...

¿En qué hemos fallado? ¿Dónde nos hemos equivocado? ¿Quién ha fracasado? ¿El joven, la joven? Es habitual que se culpabilice a los propios jóvenes de esta situación. Pensamos que ellos han decidido estar así, pero existen muchas circunstancias que han cargado las mochilas de estos jóvenes con baja autoestima, conductas violentas, falta de cariño y atención. El fracaso es del sistema educativo, del que formamos parte. A pesar de hablar de innovación, de trabajo en equipo, de excelencia, ... vamos perdiendo por el camino a chicos y chicas que se sienten como nuestro alumnado: sin motivación, sin autoestima, sin futuro.

No podemos obviar a este alumnado. Es cierto, que es difícil el trabajo con estos colectivos. Normalmente su comportamiento es disruptivo en el aula, es difícil encontrar actividades que les motiven, que capten su atención más allá de los primeros cinco minutos, es difícil “convencerles” de que tienen un sitio dentro del aula, tienen capacidad para mejorar su vida, tienen su futuro en sus manos, ahora. Lo fácil, y lo convertimos en lo mejor, es mantenerlos alejados.

Tenemos que planificar estrategias y metodologías para que estos jóvenes no sean expulsados del sistema educativo. Salir del sistema educativo supone salir del lugar que, por derecho, deben ocupar en la sociedad.

Es nuestra responsabilidad, como educadores que somos, acompañarlos en su camino, ser sus bastones, porque muchas veces no tienen otros. Para ello es necesario liberarse de juicios preconcebidos, tener la voluntad de conocerlos, de sentir cómo se sienten ellos. Es necesario un cambio de mentalidad, un cambio de mirada. Una mirada desde el corazón que nos haga entender, comprender y ayudar a sostener la mochila que llevan

Es imprescindible abrirles puertas y susurrarles al oído: “SUEÑA TU FUTURO, el verdadero fracaso es no intentarlo. Tú puedes ser un gran mecánico (un gran trabajador, profesional, persona) y yo te voy a acompañar en este camino”.

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