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DIEZ ACCIONES EDUCATIVAS PARA GENERAR INNOVACION Y EMPLEABILIDAD

Alberto Asiain García
Director en Talento y Haztitud

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19.01.2017

La acción educativa y formativa es fascinante, intensa, transcendente, compleja y, para que sea mayormente exitosa, deben participar en ella con interés y responsabilidad todos sus protagonistas: alumnos, profesores, familias, orientadores, dirección e inspección educativa…

Desde el año 2002 y dentro del brillante Programa Emprender en la Escuela, participo como formador realizando talleres que impulsan y desarrollan la innovación y los valores emprendedores de más de 50.000 alumnos (ESO, FP y Bachillerato) en todos los Centros Educativos de Aragón, entre ellos el Centro de San Valero.

En todos ellos, he visto alumnos con personalidades de todo tipo (optimistas, creativos, rígidos, dinámicos, reflexivos, tímidos, apasionados, desorientados, negativos, con iniciativa…), pero la mayoría con muchas resistencias y obstáculos a “emprender”. Y cuando me refiero a este término, no lo hago estrictamente a trabajar por cuenta propia, como muchos de ellos asocian enseguida, sino más bien a “la actitud de emprender”, de recuperar la iniciativa, de descubrir y generar oportunidades, de atreverse a innovar, de expresar ideas a pesar del temor al rechazo de sus compañeros, de empatizar y aportar valor a la sociedad, de trabajar eficazmente en equipo; en definitiva, de construir un futuro profesional con la seguridad que anhelan, y lo grave es que muchos aún no saben que estas actitudes son el mejor camino.

La cuestión es que el planteamiento inicial de “emprender” genera una reacción en un gran porcentaje de alumnos de “esto no es para mí” que va relacionado con los tres mayores temores de las personas: temor al fracaso, temor al rechazo y resistencia a los cambios. Y, tienen su razón, puesto que para “emprender” es imprescindible saber gestionar estos tres miedos o temores.

Este año, impartiendo el Taller “Innovando en Equipo” me estoy llevando la grata sorpresa de que los alumnos sí desarrollan las habilidades emprendedoras desde una gestión de roles asignada a partir de un autoconocimiento de sus fortalezas, desde un marco de un proyecto que ellos eligen y en un contexto motivador de equipo, con lo que esto conlleva tanto de forma positiva (todos tienen que ayudarse y se alcanzan resultados siempre favorables) como de forma más compleja (es necesario poner en juego numerosas competencias de trabajo en equipo que aún no dominan).

Para que todos los protagonistas educativos que antes he mencionado, acompañen a los jóvenes alumnos a desarrollar habilidades -emprendedoras o no ya es lo de menos - que les amplíen posibilidades de evolución personal y de empleabilidad, quiero transmitir las 10 acciones fundamentales para conseguirlo:

1.- Desarrollar la capacidad de observación y comprensión en los alumnos para que aprendan a empatizar con las interacciones físicas y emocionales entre personas, productos, servicios y espacios.
2.- Invitarles a que modelen sus ideas, experimenten, aprendan mediante ensayo-error, realicen prototipos en distintos formatos y lleven sus ideas a formas tangibles que les hagan incrementar su motivación por el proceso.
3.- Fomentar su amplitud de sus miras, importando nuevos puntos de vista desde otras culturas, otros países y uniendo ideas o conceptos aparentemente inconexos pero que alcanzan un resultado favorable.
4.- Hacerlos más resolutivos en las dificultades, desarrollando su capacidad de esfuerzo para superar barreras. Que hagan más con menos y disfruten intentando hacer cosas que nunca se han hecho, convirtiendo los limones que tengan en limonada, superándose.

5.-Entrenarles en trabajar en equipo para obtener un mayor rendimiento. Inculcarles la importancia de valorar al equipo por encima del individuo y los logros del proyecto más allá de los personales. Cultura de la colaboración eficaz.
6.- Activar sus talentos, desarrollando su autoconocimiento y su automotivación, dotándoles de herramientas que les ayuden a inspirarse en términos de oportunidades.

7.- Enfocarles hacia la mejora y la evolución constante de productos, servicios y experiencias que aporten valor a la sociedad, siendo muy conocedores de las necesidades humanas cambiantes.

8.- Crearles espacios y contextos donde puedan innovar más fácilmente y ser protagonistas de proyectos admirables que les hagan sentirse orgullosos.

9.- Desarrollar al máximo su empatía para ser socialmente responsables y cuidar a esta sociedad lo mejor que uno pueda.

10.- Enseñarles a brillar, a narrar, a ponerse en valor, a contar y transmitir en público de forma atractiva la grandeza de su trabajo, de su proyecto y de su interior.

Cada una de estas acciones que permiten la evolución personal efectiva y la empleabilidad de nuestros jóvenes estudiantes requiere el compromiso real por parte de todos los protagonistas educativos. Y ahora que las sabemos, pongámoslas en práctica. Sobran recursos, herramientas… y también mucho miedo (expresado en forma de excusas) al fracaso, al rechazo y a lo desconocido.

 

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