León XIV: «Una alianza educativa para la era digital»

Hay que preservar espacios para el pensamiento humano, el diálogo y la reflexión

Comunicador Social y Profesor en la Universidad San Jorge
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León XIV ha publicado Magnifica Humanitas (Magnífica humanidad) en medio de una gran expectación. Se trata de su primera encíclica, publicada en el marco del 135.º aniversario de Rerum novarum de León XIII y en un contexto marcado por la inteligencia artificial (IA).

El papa reconoce que «en los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo». La IA no aparece como una posibilidad lejana, sino como una realidad que está modificando la vida social, cultural y educativa.

Con respecto a la educación, León XIV dedica varios párrafos al papel de la educación y al rol de la escuela. Señala que los sistemas educativos no están suficientemente preparados para afrontar las rápidas transformaciones tecnológicas. La omnipresencia de los medios digitales favorece «una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación» que alimenta «el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad».

Esta dinámica contradice la lógica de la enseñanza en los cuales los procesos requieren tiempo, maduración y confrontación con la realidad. La encíclica insiste en que «toda tecnología educa a quien la utiliza», por lo que educar en inteligencia artificial implica también enseñar «cuándo y para qué no utilizarla».

El papa expone la necesidad de preservar espacios donde el pensamiento humano, el diálogo y la reflexión sigan ocupando un lugar central, advirtiendo sobre la «sutil seducción» de una tecnología que puede hacer parecer innecesario el pensamiento humano precisamente cuando más necesario resulta.

Y en este contexto está la escuela: «La escuela no está llamada a perseguir la velocidad del mundo digital, sino a ofrecer aquello que lo digital por sí solo no puede dar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables». Por eso plantea tres grandes retos.

El primero de estos retos, de carácter sociopolítico, hace referencia a las profundas desigualdades en el acceso a la educación. Advierte del riesgo de que «el acceso a la escuela dependa demasiado de las posibilidades económicas de las familias», al tiempo que pone de relieve una realidad: «En no pocos países, el Estado todavía no ha invertido los recursos necesarios para garantizar una educación de calidad para todos».

Un segundo desafío es de carácter pedagógico: hasta qué punto los planes de estudio y los modelos escolares actuales están realmente actualizados. Un alto porcentaje fueron «concebidos para otra época» y quedan rápidamente obsoletos. Por ello, León XIV propone una revisión profunda de la educación que no se limite únicamente a los contenidos, sino que alcance también a la organización escolar, los espacios educativos, los métodos de evaluación y el propio papel del docente.

En este desafío, la dimensión de la persona ocupa un lugar central. El objetivo es avanzar hacia «una educación verdaderamente integral, abierta a todas las dimensiones de la persona». Por eso, subraya la importancia de la formación continua del profesorado para que puedan relacionarse críticamente con las nuevas tecnologías y acompañar a los estudiantes en un uso «responsable, crítico y creativo» de ellas, evitando que sufran «pasivamente su influencia».

El tercer gran desafío es de carácter intelectual y sapiencial: advierte del riesgo de construir un sistema educativo «carente de amor por la verdad», en el que «el flujo incesante de información sustituya al ejercicio de la investigación, la reflexión y el discernimiento».

La encíclica cuestiona un modelo basado en la acumulación de conocimientos fragmentados y alerta sobre posibles signos de deshumanización en personas que «“saben muchas cosas” pero tienen dificultades para encontrar sentido a su vida» y por «la incapacidad de conectar la información y los conocimientos».

Frente a ello, León XIV propone recuperar una «verdadera higiene de la atención», basada en el silencio, la lectura, el estudio reflexivo y el análisis: sin estos espacios de interioridad y reflexión, «la libertad interior puede verse comprometida».

La encíclica generará más interrogantes que respuestas. Quizá convenga recordar, en medio de la fascinación tecnológica, que las máquinas carecen de conciencia moral y de comprensión ética. Como señala León XIV: «No juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias».

Artículo publicado por Aragón Digital