La USJ y Escuelas Católicas de Aragón celebran la graduación del Curso Superior en Dirección de Centros Educativos Privados
Tomasa Hernández, magistrada y exconsejera de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón, ejerció como madrina de la promoción e impartió la lección de clausura de esta promoción. En su discurso, señaló la valentía de los graduados, ya que “son las personas valientes las que se atreven a creer que el futuro puede ser mejor y que ellas mismas pueden contribuir a construirlo”.
Además, la madrina recordó que todo centro educativo privado nace de un sueño y de una convicción profunda. “Su aportación al sistema educativo va mucho más allá de lo que puede medirse en cifras o resultados: aporta identidad, propósito y alma, elementos que acompañan a las personas durante toda su vida. También representa la esperanza de que la educación sea un espacio donde cada alumno encuentre una oportunidad para crecer y desarrollarse plenamente”.
En este sentido, defendió el papel de la educación privada como una realidad que no divide, no compite ni excluye, sino que enriquece la oferta educativa y contribuye al bien común desde su singularidad y compromiso.
Como mensaje final para los nuevos directivos, deseó que ejerzan un liderazgo ético, valiente, humano, creativo e inspirador, capaz de responder a los desafíos que marcarán el futuro de la educación. Entre esos retos, destacó la importancia de impulsar la innovación y la transformación digital, cuidar el bienestar emocional de los alumnos, atraer y retener el talento docente, fortalecer la relación con las familias y aprovechar las oportunidades que ofrece un mundo cada vez más global e interconectado.
A continuación, tuvo lugar la entrega de diplomas a los alumnos: Óscar Javier Alonso, Alexander Ewart Dobbie, Olga Duarte, María Fernández, María Asunción García, Raquel Iglesias, Eduardo Langa, Adrián Muelas, Vanessa López, Marta Ramón, Estíbaliz Rivas, Pedro Miguel Soto y María Pilar Zaldívar.
Seguidamente, el alumno Adrián Muelas habló en nombre de todos los graduados y afirmó que dirigir una escuela católica va mucho más allá de planificar, organizar o gestionar recursos, “supone custodiar y mantener viva la misión evangelizadora que da sentido a la identidad de estos centros”.
Asimismo, puso en valor la trayectoria histórica de la escuela católica, nacida de la convicción de educar integralmente a la persona. Recordó a los fundadores de las diferentes instituciones educativas que no se conformaron con observar las necesidades de su tiempo, sino que decidieron implicarse activamente para dar respuesta a ellas. En este sentido, subrayó que “educar constituye una de las formas más privilegiadas de amar y de contribuir a la construcción de una sociedad más justa, humana y solidaria”.
Refiriéndose a los desafíos actuales, señaló que los alumnos crecen en un mundo cada vez más interconectado y complejo, donde surgen preguntas fundamentales sobre la justicia, la paz, la identidad o el sentido de la vida. Ante esta realidad, “la escuela católica está llamada a ofrecer una propuesta educativa y evangelizadora que transmita la certeza de que cada persona posee talentos únicos que pueden ponerse al servicio de los demás”.
Finalmente, animó a los futuros directivos a ejercer un liderazgo basado en el servicio, apoyando a las familias, escuchando a los alumnos y fortaleciendo el sentido de comunidad. Un liderazgo que requiere diálogo, confianza, acogida de la diversidad y una atención constante al crecimiento espiritual de las personas.
Por su parte, la presidenta de Escuelas Católicas de Aragón, Mar Martín, trasladó un mensaje de felicitación y de impulso a los nuevos directivos, invitándoles a ejercer un liderazgo consciente, fundamentado en los valores y el servicio.
Durante su intervención, aseguró que uno de los grandes objetivos del curso ha sido ayudar a los alumnos a comprender mejor las necesidades de las organizaciones educativas a las que están llamados a servir. Entre ellas, la importancia del bienestar dentro de las comunidades educativas, “un buen directivo tiene la responsabilidad de crear entornos en los que el bienestar sea posible y donde las familias encuentren razones para confiar”. En este sentido, expresó su deseo de que la formación recibida haya transformado la manera de observar la realidad, tomar decisiones y ejercer el liderazgo.
Además, la presidenta animó a los graduados a mantener siempre presentes los valores que inspiran su labor. “Vuestros valores son vuestra brújula”, afirmó, invitándoles a preguntarse ante cada desafío qué haría el líder que aspiran a ser. Asimismo, subrayó que la escuela católica es mucho más que una organización: es una misión compartida que constituye una fuente permanente de motivación y energía. Por ello, defendió un liderazgo basado en el servicio y en la colaboración, recordando a los nuevos directivos que no están solos y que el liderazgo auténtico siempre se construye en equipo.
Por otra parte, el vicerrector de Política Académica y Calidad de la Universidad San Jorge, Jorge Echeverría Ochoa, destacó que, además de las herramientas y conocimientos adquiridos durante el curso, existe un aspecto esencial que está por encima de cualquier competencia técnica: la actitud personal con la que se ejerce el liderazgo. Así, los futuros directivos tendrán que preguntarse qué tipo de líderes desean ser, recordando que cada persona afronta esta responsabilidad desde una realidad y una sensibilidad diferentes.
Echeverría señaló que la dirección educativa exige vivir en un equilibrio permanente entre lo posible y lo deseable, sin perder nunca de vista la razón de ser de los centros educativos. En este sentido, definió la tarea educativa como un auténtico privilegio, al permitir influir de manera positiva en la formación y el desarrollo de otras personas.
Como mensaje final, se dirigió a los graduados para solicitarles que aspiren a un liderazgo transformador y con propósito, invitándoles a no conformarse con dirigir centros que simplemente funcionen, sino a "construir centros que importen, que aporten valor a la sociedad y que dejen una huella duradera en la vida de sus alumnos y comunidades educativas".
Para cerrar el acto, el presidente del Patronato del Grupo San Valero, Pedro Baringo, quiso reconocer la valentía de los alumnos que han completado esta formación y les agradeció su generosidad para asumir responsabilidades de liderazgo al servicio de la educación.
Asimismo, puso en valor la vocación docente como uno de los pilares fundamentales de la escuela, recordando la importancia de mantener siempre vivo el contacto del maestro con el alumno, auténtica razón de ser de la tarea educativa.