"EN BOCA DE TODOS"

Editorial Revista Engranaje Centro san Valero, marzo 2020
Alumna del Centro San Valero

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25.03.2020

A partir de ahora, jamás olvidaremos la palabra coronavirus. La amenaza de pandemia en los últimos meses ha agitado al mundo entero, el sistema de salud de los países mayormente afectados se ha colapsado y el pánico se ha apoderado de aquellos que aún no se han contagiado. De una forma u otra el virus está en boca de todos.
La expansión del virus por España ha llevado a la declaración del estado de alarma y a la puesta en cuarentena de todo el país.  Estamos haciendo frente a una amenaza que marcará el curso de nuestras vidas de ahora en adelante.  Solo hace falta observar que es de lo único que se habla en todos los noticieros. Sin embargo, la actuación de los medios ante esta emergencia debería ser puesta en tela de juicio.

Hace solo unas semanas existían dos vertientes en torno al coronavirus: la primera una alarmista, y sin duda esta fue la razón de que la gente fuese en masa a comprar a las grandes superficies y empezase parte de la histeria. En contraposición otra que llamaba a la calma, acusando de alarmismo a la primera, y quizás por eso no hemos tomado al virus con la seriedad necesaria y no se haya actuado lo suficientemente rápido.  Ambas ideas son un ejemplo de cómo una verdad objetiva puede amoldarse a nuestros prejuicios y creencias para mostrar dos puntos de vista totalmente diferentes. Y por desgracia, la suma de ambas vertientes no nos enseñaba realmente la realidad...

No obstante, los medios extranjeros no están exentos de crítica. China conocida por su censura, ha sido acusada de ocultar muertes e infectados.  Li Wenliang el primer médico en alertar del problema del coronavirus tuvo que hacer frente a la acusación de difundir rumores falsos y comparecer ante las autoridades… antes de morir por dicha enfermedad de la que trataba de avisar al resto de compatriotas.
Es curioso que en plena era de la información se dé esta polaridad: en países con una libertad de expresión restringida hay que luchar para poder hacerse oír desde un primer momento, y el ciudadano no sabe a qué atenerse por la carencia de transparencia y manipulación de la verdad, ya que la censura evita que ésta alcance un mínimo grado de certeza. Mientras, en los países con libertad de expresión, donde de un solo hecho se dan decenas de versiones, se lucha por encontrar la fuerte más fidedigna. En ambos casos el ciudadano tiene que pelear por no caer en el “trampantojo de los medios”.

Los medios nos proporcionan un reflejo de nuestra sociedad y cuanto más distorsionada esté esa imagen y menos poder crítico poseamos, más vulnerables seremos a la manipulación, ya sea por parte del gobierno, de las grandes empresas o de cualquier poder externo que quiera apoderarse de la opinión pública. Eso sin hablar de los verdaderos efectos que tiene, desde mi punto de vista ya que, por poner un ejemplo, se nos ha advertido del peligro de saturación del sistema sanitario demasiado tarde. De haber sido realmente conscientes de las consecuencias que ha tenido en Italia y China, habríamos exigido unas medidas más estrictas y la ayuda inmediata a la sanidad pública.  

Nos espera una época difícil. Solamente el tiempo podrá decirnos si se actuó correctamente. Mientras, seguiremos buscando un rayo de luz a través de la ventana y saldremos a aplaudir a los balcones: para honrar a todos los sanitarios que dan lo mejor de sí mismos a pesar de las circunstancias, para todos los enfermos que luchan y para todas esas personas que se quedan en casa para evitar más contagios. Porque esos aplausos marcan que falta un día menos para que volvamos a salir a la calle.  Aplaudimos por esperanza, eso no nos lo podrá quitar nadie ni nada, ni siquiera el coronavirus.

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