A la sombra de la tradición crecemos y aprendemos

El árbol de la tradición se alimenta nuestros sueños y crece con ellos.
Dra. Vicedecana Educación FCCS Universidad San Jorge

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12.06.2019

En el año 2014, el extremeño Benito Estrella escribió un pequeño libro titulado “Loa a una vieja pizarra” a través del que insistía en la idea de que toda educación se realiza “a la sombra de un árbol”. En el año 2015, siendo director del colegio El Salvador de Zaragoza, Andrés García Inda en su libro “Cartas a un joven profesor”, recogía esta misma idea al poner voz a maestros y profesores jubilados de un colegio que ofrecían consejos a los jóvenes educadores que iniciaban la labor de educar. Ambos insisten en una idea que hoy yo quiero compartir también con vosotros: la educación nace al amparo de una tradición cultural.

“A la sombra de una tradición crecemos y aprendemos, contemplamos la belleza de sus formas, regamos sus raíces, podamos sus viejas ramas, aspiramos el perfume de sus flores, nos alimentamos de sus frutos y conservamos sus semilas. Se trata de algo vivo que hay que cuidar, algo que también nos cuida y nos da vida.

Este árbol de la tradición, sin cuya sombra no puede llevarse a cabo la educación (pues la intemperie del poder desnudo arrasa con todo lo humano), se alimenta también de nuestros sueños y crece con ellos. Es una casa que heredamos, cuidamos y queremos dejar para el futuro; es la casa del hombre. Porque debéis entender que, si no cuidamos en cada momento histórico del árbol a cuya sombra hemos crecido y de cuyos frutos nos hemos alimentado para que sea mejor árbol, si no inventamos personas mejores de las que somos y vemos a nuestro alrededor, empezando por uno mismo, acabaremos siendo cada vez peores de lo que somos.

Para educar no se necesita más que eso, la sombra de un árbol. Los que ejercen el oficio de enseñar y han crean criado hijos lo saben, por experiencia: que lo esencial está en la relación que establecen el que enseña y el que aprende, el que educa y el que es educado, y que todo lo demás no son más que medios, que, a veces más bien estorban que ayudan a la tarea. Y no podemos olvidar la luz del sol, sin la cual no hay sombra, ni fruto, ni semilla, ni árbol, ni nada. Pues los seres humanos somos efectivamente como árboles: estamos enraizados en la tierra, pero crecemos hacia el cielo, hacia la luz”

La educación se desarrolla en el marco de una tradición, cuyo origen etimológico en latín “traditio”, del verbo “tradere”, significa “dar o entregar”. Educar es sin duda, dar y transmitir, entregar una herencia que fue anteriormente recibida. Y esta idea nos lleva también necesariamente a la idea de vínculo, relación interpersonal que se genera entre quien educa y quien es educado, y de la que querría hoy reflexionar con vosotros.

Utilizo de forma intencionada la palabra educar y educador, y no tanto la de enseñanza-aprendizaje y profesor, porque vuestra tarea va a ir más allá de “enseñar”. Vuestra tarea más influyente, si tenéis el coraje de asumirla (y eso espero), será la de “educar”, orientar cómo caminar por la vida, teniendo vuestras respectivas áreas de conocimiento como plataforma para hacerlo posible. Como educadores, como educadoras, vuestro papel va a ser ante todo el de orientar, acompañar, favorecer en cada uno de vuestros alumnos que se desplieguen todos sus dones y virtudes.

Por supuesto, también enseñaréis materias, muchos contenidos, estrategias, técnicas. Eso está implícita a la propia profesión docente, pero yo os quería animar a ir más allá. Es vuestro deber profesional manteneros actualizados en vuestras respectivas áreas de conocimiento (no solo por la docencia que impartiréis, sino por el propio disfrute docente que genera profundizar en las áreas curriculares que os apasionan) y eso conlleva necesariamente, formaros para transmitir cada vez con mayor eficacia vuestras disciplinas. Esto lo haréis a través del conocimiento de metodologías de enseñanza que las ciencias de la educación presenten como efectivas para el aprendizaje en cada momento, contemplando las IIMM, el desarrollo competencial de cada alumno, conociendo la legislación educativa en vigor y permaneciendo actualizados en todo lo que esté en vuestra mano. Todas esas cosas que vuestros profesores os han transmitido con empeño durante todos estos meses, y a lo largo de vuestra trayectoria profesional tendréis muchas ocasiones de irlo haciendo a través de las oportunidades que os darán en vuestros claustros docentes y centros, en los Centros del Profesorado, en jornadas de innovación. Aprovechad todas estas ocasiones para profundizar, intercambiar experiencias con otros docentes. Pero permitidme que os diga que, siendo algo muy importante en vuestro desarrollo profesional, es algo pasajero, no es lo esencial de nuestra labor. Permitidme que os vaya explicando esto con un poco más de detalle.

Como sabéis, la Educación ha reorientado el lugar en que establece el acento. Ahora, afortunadamente, y como os habrán explicado con detalle vuestros profesores, el foco está en el alumno: en favorecer el desarrollo de sus capacidades y competencias. Y nuestro papel, como profesores y profesoras, es el de ser brújulas en su proceso de aprendizaje personal, académico, social. La formación integral del alumnado.

Pero antes de hablar de este sentido hondo de la labor educativa, de cómo es eso de ser brújula de nuestro alumnado en su proceso de desarrollo educativo, vamos a hacer una breve referencia a la situación que estamos actualmente viviendo en la Educación.

Es ya aceptado de modo generalizado que el sistema educativo español está atravesando un proceso de transformación que han sido ya denominado por los expertos como un cambio de paradigma. Además de las reflexiones que puedan recogerse por expertos e investigadores, y las evidencias que se van demostrando de que esto es así, el día a día en las aulas evidencia a los profesionales de la enseñanza, que el cambio es profundo y se da de forma global en todas las etapas y contextos educativos. Actualmente, además de revisarse las metodologías, las herramientas y enfoques de E-A, también se pone en cuestión el papel en los agentes educativos, los fines de la educación, la función de la institución escolar en las diferentes etapas para su consecución.

Siempre ha habido voces críticas con los modelos de enseñanza que ponían acento en la transmisión de conocimiento como fin de la escuela, y las metodologías que centraban la atención en la figura del docente como centro del proceso educativo. Es de justicia señalar también que siempre ha habido maestros y profesores que han entendido el sentido hondo de la profesión y han mantenido planteamientos que no se limitaban a la reproducción del saber en el aula. Pero igual de cierto es que lo que antes parecían voces críticas más aisladas o dispersas, son ahora una corriente generalizada que responde muy bien a un interés generalizado por replantear la función de la escuela y la educación. El cambio ahora es ya una corriente generalizada, imparable y extensiva, compartida.

Todo cambio, conlleva siempre una dosis de incertidumbre, desorientación, ilusiones de cambio y resistencias al mismo, en partes iguales. Pero al mismo tiempo, y como ocurre en todo cambio, es in duda una oportunidad irrepetible para repensar la educación. Una oportunidad que requiere sobre todo una actitud de reflexividad y crítica positiva, en la que como profesionales de la educación vais a adoptar un papel central, que os animo a asumir con responsabilidad.

Parece haber coincidencia en asumir que este cambio de paradigma requiere ser abordado desde una perspectiva global, integradora y holística, que atienda los cambios que se dan en varias dimensiones:

1 Misión y fin de la educación. ¿Cuál es el fin último de la educación? Y el fin de la labor de cada maestro y educador?

La escuela como institución surge y se consolida históricamente al asumir el compromiso de transmitir los conocimientos validados socialmente, y preparar a las nuevas generaciones para responder a las exigencias de la sociedad de cada momento histórico.

Actualmente, está en cuestión el valor de la enseñanza tradicional limitada a dicha transmisión, por considerarla obsoleta y sesgada. El cambio de foco en el alumno, a que aprenda no solo contenidos, sino competencias que le sirvan para desarrollarse plenamente y para integrarse y contribuir a la sociedad a la que pertenece, nos lleva necesariamente a preguntarnos por la misión de la escuela y de los educadores. El alumno y su desarrollo son el centro, pero no pueden desarrollarse sin la figura del docente. La autoridad sin embargo ya no es impuesta, sino otorgada. Y retomando la cuestión relativa al necesario vínculo que hay que establecer, se pone en primera línea la necesidad de conseguir esa autoridad otorgada. Se consigue a través del ejemplo, el trabajo bien hecho, la entrega en el proceso educativo, el establecimiento de vínculos fuertes que hagan que el profesor se convierta en un referente para el alumno en su proceso de aprendizaje.

2 Metodologías y enfoques didácticos. La innovación en las metodologías de enseñanza-aprendizaje y evaluación, también en la organización de espacios y tiempos. Es el ámbito donde más cambios se están dando en lo que denominamos transformación global de la educación. ¿A qué finalidades responden? Estos cambios, la renovación metodológica, ¿está orientada a responder a los fines perseguidos desde cada institución educativa? Hacemos una reflexión rigurosa desde las instituciones educativas sobre la renovación metodológica?

La instrucción pura cede, y se acepta de manera ya cada vez más generalizada, que la asimilación memorística de contenidos, sin otro fin más que el de asimilarlos y reproducirlos de forma acrítica y mecánica resulta limitado, y no responde a las exigencias de la sociedad actual. Y partiendo de esa premisa, se desarrollan metodologías y propuestas didácticas dirigidas a promover el aprendizaje significativo, conectado, interiorizado, reflexivo, en el que el alumno avanza hacia su autonomía y responsabilidad en el proceso de aprendizaje. Ya incluso la legislación educativa, que suele ser la que con más retraso refleja la inquietud del profesorado, refleja la importancia de las metodologías activas, el papel central del alumnado en su proceso de aprendizaje y consecución del éxito escolar, la referencia es ya a la escuela inclusiva y la flexibilidad de espacios, metodologías, recursos… para responder a la diversidad.

El avance de la neuropsicología sobre los modos en los que el cerebro aprende nos orientan también sobre el modo en que diseñar nuestra enseñanza para que llegue mejor a los diferentes estilos de aprendizaje, a las diferentes Inteligencias e intereses. Contribuye sin lugar a dudas a personalizar la enseñanza. No perdamos no obstante la referencia de que el ser humano, es mucho más que su cerebro incluso su psicología.

Y aquí nos encontramos con ciertas dificultades. No cabe duda de que el desarrollo integral del alumnado requiere el desarrollo competencial, pero las competencias requieren un terreno en el que arraigar. Se potencia el trabajo de exploración, descubrimiento del alumno, pero sigue siendo un reto el desarrollo de la capacidad de selección, análisis crítico, capacidad de fundamentación teórica y significativa. ¿Estamos sabiendo despertar en nuestro alumnado este espíritu crítico, la autonomía en el pensamiento, la reflexión sobre el propio proceso de aprendizaje? Somos nosotros ejemplo de ello?

Estamos sin duda en camino. Deduzco que esto es educar: sembrar, probar, innovar, adaptarnos, cambiar en lo que es cambiable permanecer fiel a lo inmutable: la persona del alumno. En esta misma línea, creo que siempre resulta recomendable a su vez huir de posturas que contraponen modelos/teorías/posicionamientos, tildando de malo lo tradicional y otorgándole a lo “innovador” el valor de lo bueno. Creo que es más ajustado apostar por las sinergias, la complementariedad de los enfoques. Atrevámonos cada uno de nosotros, como educador y educadora a hacer una síntesis personal, que sea capaz de seleccionar en cada ocasión aquella propuesta, enfoque, metodología que mejor responde a los fines perseguidos. Otra vez más, nos remite a las finalidades perseguidas. Pensemos primero en los fines de cada actividad/proyecto que queramos proponer y diseñemos y seleccionemos después los recursos, las metodologías. No nos damos cuenta, pero en muchas ocasiones solemos hacerlo al revés.

3 Infraestructuras/estructuras. Los espacios se transforman para atender la demanda del trabajo cooperativo y colaborativo, favorecer la creatividad, el trabajo entre iguales, por considerar que son competencias que serán requeridas en la vida adulta. Y necesariamente las aulas se van transformando en espacios diáfanos, abiertos, flexibles… como requiere ser el proceso de aprendizaje. Cambios significativos que deberán estar igualmente orientados a esos fines perseguidos.

Aparecen también en el aula nuevos retos, como la integración de las TI en el quehacer educativo, y con su incorporación el profundo debate sobre el modo de hacerlo. El acceso libre a cada vez más plataformas, contenidos y recursos… Y en los próximos años, y en el ambiente de efervescencia metodológica que estamos viviendo, llegarán nuevas propuestas y planteamientos. ES importante ir adquiriendo el propio criterio docente. Es lo que denominamos configuración del propio perfil profesional.

4 Papel que debe adoptar los agentes educativos, no solo los profesores y que deben estar encaminados hacia la configuración de un proyecto educativo compartido, no solo por la comunidad escolar, sino contando con una red más amplia de agentes que hagan posible la educación que necesitamos. La labor educativa, y más con estos retos que os voy señalando que va asumiendo, no es misión única de los profesores, ni siquiera de la escuela. Como tarea prioritaria para toda la sociedad, requiere de la implicación de todos. Cada vez somos más testigos de iniciativas que rompen con los muros de las instituciones escolares, que se hacen más permeables al entorno, y se da interacción escuela-sociedad.

El tomar conciencia de la centralidad que adquiere la educación para el desarrollo de las sociedades y las personas, es en verdad una transformación importante. La toma de conciencia colectiva de la necesidad de la labor educativa como labor y responsabilidad compartida por muchos. Es una vía de desarrollo que van adquiriendo cada vez más instituciones escolares y que humildemente considero que será una de las grandes transformaciones que veremos en los próximos años. La educación como tarea compartid por muchos agentes educativos y sociales. Otro gran reto.

Después de este breve recorrido (necesariamente breve y por tanto parcial) a la situación actual de la Educación, retomo un tema que he planteado al inicio de mi intervención, y que Benito Estrella recoge muy bien:

Para educar no se necesita más que eso, la sombra de un árbol. Los que ejercen el oficio de enseñar lo saben: que lo esencial está en la relación que establecen el que enseña y el que aprende, el que educa y el que es educado, y que todo lo demás no son más que medios, que, a veces más bien estorban que ayudan a la tarea

Y retomo otra vez la reflexión inicial, aquella en la que apuntábamos sobre la centralidad que en la labor educativa adquiere el vínculo que se establece entre persona que educa y persona que es educada.

La educación es sobre todo siembra. Sembrar amor, sembrar consciencia, sembrar humanidad para que crezcan buenas personas, buenos ciudadanos y buenos profesionales. Siempre ha sido un reto. En muchas ocasiones la siega es pequeña y diferida. Eso hace que a veces la labor de educar pueda resultar un poco desalentadora. Pero hay que confiar.

Y querría acabar con algunas pequeñas recomendaciones que querría compartir:

1.- Intenta transmitir a los alumnos una mirada constructiva de sí mismos y del mundo. Para eso, cuida siempre de que tu mirada sea así, esperanzada. Aunque haya dificultades en el desarrollo cotidiano de la tarea, y no todos sepan valorar la importancia de la labor educativa. Los alumnos son lo más importante de los centros. ¿Por qué si no, para qué sirve la educación?

2.- Para poder hacerlo, es necesario que tengas siempre un horizonte claro, sobre los fines que persigues en tu proceso de enseñanza-aprendizaje. ¿Qué quieres que tus alumnos sepan hacer con los contenidos curriculares y destrezas y competencias académicas que promueves en tus clases? Qué idea tienes sobre el papel de la escuela, de tu área, de tu labor para el proceso formativo de cada uno de tus alumnos? Dedícale tiempo y cariño a ir configurando tu propio perfil profesional. Qué tipo de educar quiero ser.

3.- Cumple con esta función, siempre en colaboración y trabajo cooperativo con otros. Contribuye con tu trabajo a crear comunidad educativa. Necesariamente en coordinación con el resto de compañeros, agentes educativos (familia, compañeros, dirección, entidades del entorno, familias). Esta hazaña no se consigue en solitario, si pretende ser verdaderamente transformadora. Porque sí, la educación tiene como fin transformar a la persona, para que luego se transforme la sociedad. Que falta nos hace… Y esto requiere de capacidad de comprensión, de escucha, de saber comprender la postura del otro, de saber empatizar, de tratar de ponernos en los zapatos del otro. ¿No es esto lo que persiguen el ABP, los grupos cooperativos? Crear lazos, ser testimonios con nuestro trabajo de eso que queremos fomentar en nuestro alumnado.

4.- Con enorme generosidad y creatividad. Para seguir siempre actualizándote, adaptándote a las renovaciones metodológicas necesarias, a las aportaciones de la ciencia sobre el modo en el que el cerebro aprende, las emociones influyen… y que van dando lugar a cambios en el perfil del alumnado y de tus compañeros. Sí, un día tú también te harás mayor y los nuevos compañeros que se incorporen al claustro tendrán ideas diferentes sobre la enseñanza. Intenta ser flexible con los cambios, con las variables sociales, culturales y educativas que cambian rápido… parece que cada vez más rápido. Son pasajeros y no lo esencial de tu labor, intenta que no te distraigan en lo accesorio.

Y todo esto, y lo que no cabe en estas palabras, solo tendrá sentido si se hace al servicio de la persona del alumno. Esto sí que es lo permanente, lo invariable, lo que subyace a las tendencias metodológicas, a los cambios legislativos.

Educar a otro no sólo es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía. Aprender sin pensar es trabajo perdido; pensar sin aprender es peligroso. Todo error deja una enseñanza, toda enseñanza deja una experiencia y toda experiencia deja una huella. Enseñar es aprender dos veces. Todos somos maestros y alumnos. Pregúntate: ¿que vine a aprender aquí y qué vine a enseñar? Los seres humanos estamos enraizados en la tierra, pero crecemos hacia la luz. Sed instrumentos para que cada uno de vuestros alumnos (y pasarán muchos por vuestras aulas), estén abiertos a algo que va más allá de ellos mismos. Enseñadles a soñar en grande, en esta sociedad que parece tenerle alergia a todo lo Grande y nos anestesia con las cosas chiquitas, que nos distraen y nos hacen pensar que es suficiente.

Es un educador excelente aquel que hace que se despierte en el alumno una gran sed de aprender. Quien, volviendo a hacer el camino viejo aprende el nuevo, puede considerarse un maestro. Citando textualmente a Parker J. Palmer “La técnica, es lo que utilizan los profesores hasta que llega el auténtico profesor” (The courage to teach. Exploring the inner landscape of a teacher´s life)

Enhorabuena, por haber llegado hasta aquí. Por haber elegido esta profesión en la que a veces el corazón queda magullado, pero hace que vibren los de los demás. A veces en el momento, otros en diferido. Como en el caso del que siembra y espera la cosecha.

Y hoy, unas palabras de recuerdo para Carolina. Que amó la labor de educar y con su ejemplo, os enseñó también a amarla. Lleváis cada uno de vosotros un tesoro en vasijas de barro. Cuidadlo y compartidlo. Y si no, ¿para qué sirve la educación?

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