Durante muchos años ya, desde 2000, he podido comprobar hasta qué punto la educación online se convertía en mucho más que un simple recurso sustitutivo, en más que una supuesta manera de proporcionar educación a aquellos que, por las circunstancias que fueran, no podían comprometerse a pasar por un aula en un lugar determinado. La fórmula que decidimos utilizar se apalancaba extensivamente en el trabajo del profesor, nada de asistentes, tutores o sustitutos de ningún tipo, con grupos relativamente pequeños (a pesar del evidente interés económico que podían generar modelos en los que se imparte formación a decenas de miles de estudiantes a la vez), y con un desarrollo de interacción directa mediante foros y...