Bioinformática, en el corazón de las disciplinas STEM

'Me gustan las ciencias, sí, pero no sé qué grado escoger'
Profesora de la Universidad San Jorge

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02.08.2021

Cuando acabe segundo de bachiller, no tengo muy claro qué estudiar. Me gustan las ciencias, sí, pero no sé qué grado escoger, cuál puede ser más interesante o tener mejores opciones laborales. Es más, no sé qué salidas pueden tener muchos de los grados.

Si eres estudiante de secundaria, quizá puedas reconocerte en estas palabras. Si eres profesor o familiar de algún estudiante de secundaria, puede que tampoco te resulte extraño este punto de vista.

¿Por qué parece tan difícil elegir y decantarse por algo sobre lo que formarse de cara al futuro profesional? Evidentemente es una decisión importante y cabría preguntarse si se tienen las herramientas para tomarla de forma adecuada. Quizá el problema vaya más allá de no conocer las salidas profesionales e implique, además, no saber qué se hace en esos puestos de trabajo en el día a día. Siempre es difícil tomar decisiones y más aún cuando falta información. Esto que no solamente genera incertidumbre, sino que además también provoca desmotivación: ¿cómo me voy a esforzar en hacer algo que ni siquiera sé si me va a gustar? Para tratar de identificar el origen de esta problemática, repasemos la trayectoria de un alumno de secundaria por el sistema educativo.

En lo que se refiere a las asignaturas de ciencias, no cabe duda de que muchas de ellas tienen o deberían tener una carga práctica considerable. Resolución de problemas, enfrentarse a una situación experimental o un entorno simulado, etc. Esto es porque no hay mejor forma de aprender, que aprender haciendo. Al fin y al cabo, como decía el poeta: no hay camino, sino que se hace camino al andar. Sin embargo, por muy de acuerdo que estemos en este aspecto, en muchos casos esto queda lejos de la realidad. En el día a día, la dinámica de las clases es eminentemente expositiva, lo que empobrece la formación de todos aquellos alumnos que luego deciden abordar las denominadas carreras STEM, que engloba a las disciplinas de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas.

Por otra parte, a la hora de llevar a cabo actividades prácticas también es necesario considerar que su preparación necesita recursos, no solo económicos, sino también una inversión de tiempo para que los docentes puedan preparar adecuadamente las sesiones. Por tanto, hay que buscar un equilibrio entre las posibilidades disponibles y lo que se pretende construir.

Ante este panorama, la cuestión siguiente es: ¿Qué hacemos? ¿De qué recursos dispone nuestro sistema educativo para mejorar esta situación? Suele ocurrir que algunas de las mejores soluciones son las más sencillas y aquí se propone una, en una palabra: Bioinformática.

En la era de las tecnologías de la información, en la era de los datos, de la informatización y el internet de las cosas, la información biológica también viaja en este tren que va a toda velocidad. Además, no viaja sola, el tratamiento de esta información requiere de lenguajes para comunicarse con las máquinas que extraen esta información y la procesan. Todo este camino, supervisado para mantener una integridad matemática de los datos. Y esto es la bioinformática, una disciplina práctica, que es en sí misma la unión de las matemáticas y la informática puestas al servicio del análisis de información biológica. No es una disciplina STEM más, es el resultado de la unión de los cuatro términos de esta sigla.

Cabe destacar que los conocimientos que suponen el núcleo duro de esta ciencia son aquellos que comienzan a adquirir los estudiantes en secundaria y que se continúan desarrollando al más alto nivel en los grados científicos y tecnológicos. Y lo que es más, la integración de la bioinformática en la actividad docente ha sido defendida como una de las formas de dar a conocer la realidad del trabajo científico y como instrumento para la puesta en práctica de aquello que estudian los alumnos.

En el panorama educativo actual, la tendencia docente está orientada a un currículo basado en competencias, basado en que los estudiantes adquieran una serie de conocimientos y sean capaces de ponerlos en práctica, que desarrollen una variedad de capacidades que los prepare para la realidad del mundo actual. Una actividad basada en bioinformática se desarrolla siguiendo esta filosofía, dentro de un marco biológico busca analizar y comprender los factores determinantes de temas como, por ejemplo, la regulación de los genes, simular cómo se pliega una proteína o el seguimiento y rastreo de las nuevas variantes que surgen en una cepa de virus, todo ello aplicando análisis estadísticos y flujos de programación que hacen factible llevar a cabo la tarea.

Para iniciar el desarrollo de estas destrezas bastan un ordenador y conexión a internet. Permite la aplicación de conceptos vistos en clase y adquirir el hábito aprender haciendo, lo que da una idea más clara al estudiante de cómo utilizar aquello que le están explicando y qué cosas puede conseguir, aumentando su motivación.

Afortunadamente, ya se han puesto en marcha diversas iniciativas para introducir la Bioinformática en la realidad de los estudiantes de secundaria, tanto en diversos países de nuestro entorno como en el nuestro. Los resultados son prometedores, lo que refuerza la importancia de seguir desarrollando este tipo de estrategias que suponen un caldo de cultivo para la enseñanza actual de disciplinas STEM.

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