Félix Navarro, arquitecto. La dualidad audaz

Fue denominado como «el arquitecto filósofo»
Profesor de la Universidad San Jorge

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06.12.2021

Félix Navarro (Tarazona, 1849-Barcelona, 1911) constituye el ejemplo del hombre que vive y asume los cambios que se vislumbran en su época, sin abandonar sus raíces originales.

Se caracteriza por su compleja personalidad y por ser buscador nato de la sensibilidad de un tiempo nuevo. Una persona inquieta, erudita, torrencial, vital, progresista y pionera, que representa el prototipo de un arquitecto que, como profesional, se mueve entre dilemas, con una partida vital que desarrolló entre opuestos y cuya dualidad resuelve audazmente.

Fue cosmopolita y local. Hizo infinidad de viajes profesionales a Madrid, Barcelona, Estados Unidos, Viena, Berlín o París, en los que buscaba permanentemente la innovación y el conocimiento de los más avanzados recursos y elementos tecnológicos, que a su vez sabía compaginar con las influencias locales y regionales de su tierra. En sus viajes, además de dominar el idioma inglés, algo poco frecuente en su época, estudió los nuevos materiales, como el hierro, que utilizó magistralmente en algunas de sus obras como el atrevido Teatro Pignatelli, la bella estructura del Mercado Central de Zaragoza o la fábrica de galletas Patria, pero a su vez no olvidaba el uso del ladrillo y la influencia mudéjar de su tierra, como en la litografía Portabella o en sus edificios de viviendas.

Fue docente, funcionario y profesional de gran producción. Junto a la labor docente en la Escuela de Arquitectura de Madrid y en la Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza y los cargos de funcionario como arquitecto provincial de la Diputación Provincial de Zaragoza, arquitecto del Ministerio de Fomento en la provincia de Huesca o arquitecto municipal de Zaragoza, fue un profesional muy prolífico con una gran cantidad de obras realizadas, más de 200 construidas, además de proyectos, concursos y bocetos. Y a la vez destaca como el único autor aragonés que se dedica a plasmar por escrito sus pensamientos y reflexiones sobre su profesión, con diversos textos y corpus teóricos como La casa de mil pesetas y el nuevo procedimiento constructivo de la carpintería de ladrillo, con el que pretendía buscar una solución a la carestía de la vivienda en la época, muy en la línea de su carácter progresista y liberal, que enraizaba con su creencia en la posibilidad de una sociedad nueva más culta y más próspera. Esta línea se ve reforzada por el enfoque que le da a la arquitectura como una manifestación suprema de la mente humana que debe ser portadora de los más altos valores éticos y sociales. Esta concepción de la arquitectura le llevó a ser denominado «el arquitecto filósofo».

Su compleja personalidad y vida desembocan profesionalmente en una obra también compleja y variada. Su trabajo se desgrana en una suerte de «estilos y tendencias» que explican el propio personaje. Ejemplo de eclecticismo como lenguaje ornamental que reelabora el clasicismo, de la inclinación por las formas históricas y de su formación académica es el palacio de Larrinaga. Regionalismo que toma como referente el ladrillo acompañado de ornamento como recurso eficaz para sugerir y evocar, con una inspiración en las formas mudéjares aragonesas, como en la Escuela de Artes. Y, aunque no muy afín, modernismo como arte nuevo, y con la introducción de un nuevo material como es la forja, en el edificio de viviendas en calle Manifestación, 20, o el modernista Parisiana en el paseo de la Independencia en Zaragoza.

Una dualidad o diversidad que se refleja a lo largo de su trayectoria profesional combinando y debatiendo aspectos simbólicos con los pragmáticos, ilustración y casticismo, arte e industria, material constructivo con ornamentación, especulación y empirismo, aires cosmopolitas con aires locales y regionales, el hierro industrial con el ladrillo mudéjar… Un constante deambular entre opuestos que marca la característica fundamental de este profesional, que es capaz de transformar el espíritu de la arquitectura en la arquitectura del espíritu.

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