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La City de Londres se muda a Frankfurt y Dublín

José María Gay de Liébana
Economista y profesor universitario

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18.09.2017

Después de que en junio de 2016 los británicos se inclinaran por soltar amarras y que sus territorios isleños zarparan para navegar por las aguas del Atlántico, dejando aquí a la Europa continental, surgió la duda: ¿A dónde se mudarían las grandes entidades financieras y los bancos cuya sede efectiva en Europa radica hasta el momento presente en Londres, en la City? Es evidente que con Reino Unido fuera de Europa, las entidades financieras que trabajan en Europa, de seguir en Londres, quedan en fuera de juego. Ya no es solo un problema de moneda, libra esterlina versus euro, sino de un asunto mucho más serio: las instituciones que permanezcan en Londres pierden estatus europeo y, según vaya la negociación del Brexit, serían consideradas foráneas en la geografía europea. Así que, sin precipitaciones, el mundo financiero se ha visto forzado a explorar nuevos destinos que resulten operativos para sus negocios y, por supuesto, localizados dentro de Europa.

Varias ciudades entraban en las quinielas. Frankfurt, Dublín, París, Madrid, Amsterdam… ¿Cuál de ellas, o cuáles, se llevarían el gato al agua? Dos ciudades son las grandes beneficiadas por ese forzoso traslado de la gran banca. La primera de ellas, Frankfurt, que acogerá los cuarteles generales de varios grupos de empaque financiero como los norteamericanos Citi, Morgan Stanley, JP Morgan y Goldman Sachs, esos tótems del capitalismo que mueven millonadas de dólares y que canalizan la vis financiera de la economía mundial. Con ellas, se desplazan a la ciudad alemana otros importantes conglomerados financieros como Standard Chartered, birtánico, el propio Deutsche Bank que recula hacia su patria, el referente suizo USB, varias entidades japonesas como Nomura, Mizuho, Daiwa y Sumitomo.

No solo se trata de que esos gigantes del mundo financiero recojan sus bártulos y se dirijan a Frankfurt. Hay que pensar que en torno a ellos funcionan otras compañías financieras y de prestaciones de servicios, toda una industria auxiliar que en breve se afincará igualmente en Frankfurt. Y eso se traduce en más gente trabajando allí, en más puestos de trabajo para Alemania —se habla de unos 10.000— y en la presencia de empleo de calidad y de alta cualificación. Que Alemania tiene gancho para seducir en ese envite, es indudable. Es la primera economía de Europa, cuenta con una industria muy recia, su sector servicios es de primerísima calidad, tecnológicamente constituye una referencia y no se atisban los posibles riesgos de conflictividad que se dan por otros lares, como en el sur de Europa. Por añadidura, imperan en Alemania seguridad jurídica y estabilidad normativa con lo cual las empresas que deciden instalarse allí conocen a ciencia cierta las reglas del juego legal y, en especial, tributario.

Impulso económico

Así que aumentarán las tasas laborales germanas y lo harán por donde siempre es recomendable: por arriba. Se generará mayor negocio en tierras teutonas y sus servicios financieros y complementarios sumarán más valor añadido. El cálculo sobre lo que el sector financiero representa en la economía británica hasta ahora es del 12% de su Producto Interior Bruto (PIB) superando los 200.000 millones de euros. Haber elegido el Brexit como camino a seguir por los británicos conlleva una fuerte sacudida económica junto con la pérdida de muchos buenos puestos de trabajo —se estima sobre unos 30.000— y un recorte considerable para otros sectores. Frankfurt se convierte así en una de las grandes ciudades por excelencia de Europa y, sin duda, en su capital financiera. Ahí está la sede del Banco Central Europeo, la del Bundesbank, la de los mecanismos de supervisión con el Mecanismo Único de Supervisión (MUS) a la cabeza. Es factible que acoja también a la Autoridad Bancaria Europea (ABE) tan pronto como ésta se vaya de Londres.

Otra ciudad que se antojaba, y así lo hemos indicado desde el primer día, como una alternativa muy interesante para acoger a compañías que se vieran forzadas a emigrar desde Londres, era y es Dublín. Sus poderosas credenciales son determinantes. Ya no solo se trata de que en Dublín las cargas impositivas sean tenues y relajantes, sino que la facilidad operativa que Irlanda brinda para hacer negocios no tiene precio. Las empresas que deciden asentarse en tierras irlandesas se mueven en una zona de confortabilidad excepcional. Otrosí, Dublín, para entidades financieras de origen estadounidense que tengan que abandonar Londres comporta otra virtud extraordinaria: allí están domiciliadas casi todas las grandes tecnológicas del mundo con esos nombres que dominan el parqué de Wall Street, y en Dublín están depositados buena parte de sus colosales saldos monetarios, que acaso superen el billón de dólares. Si dinero llama a dinero, se entiende perfectamente que Barclays, Bank of America y Credit Suisse salten a Dublín y que en esa corta singladura, porque Londres y Dublín están a una distancia prácticamente de una hora, les acompañe toda la granada corte empresarial que llevan consigo estas entidades. Y no olvidemos que por las venas de muchos norteamericanos corre sangre irlandesa, lo que añade un plus de calidad para Dublín.

Como los británicos dijeron que no querían seguir con Europa, ahora volarán desde Londres hacia Frankfurt y Dublín buena parte de los activos valorados en 1,8 billones de euros que maneja el sector financiero desde la City. La pregunta que usted se estará haciendo es: ¿Y qué pasa con Madrid o, incluso, aunque más alejada en las apuestas, con Barcelona? Pues nada, que no hemos fascinado al respetable capital financiero internacional, que no destilamos encanto ni confianza, que nos ven con demasiadas vacilaciones, con un sainete de problemas internos bizantinos, con bamboleos incesantes y serias dudas en el plano político.

Con una sorprendente inseguridad jurídica y una inestabilidad tributaria tremenda, con unos ayuntamientos que no convencen a las principales entidades financieras del mundo y que con tanto jaleo entre las comunidades autónomas, independencias y líos domésticos, no transmitimos buenas vibraciones a nivel internacional. De verdad, esto es algo que nos tenemos que hacer mirar porque solo que en ese sorteo, a modo de Gordo de Navidad, del trasiego de parte de la City londinense nos hubiera caído la pedrea, hubiera sido para darse con un canto en los dientes. En fin, siga el jolgorio nacional y agitemos para remacharlo la turismofobia…

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