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Presentación de «Cowboys en el infierno», de Antonio Pampliega: "La guerra no tiene nada de romántico: es una carnicería"

Se mostró muy crítico y pesimista con la profesión periodística
26.02.2026

El martes 24 de febrero, el salón de actos del Edificio Grupo San Valero acogió la presentación de la novela «Cowboys en el infierno», de Antonio Pampliega, periodista y corresponsal de guerra durante más de una década. Acompañaron al autor Sergio Melendo, periodista y docente del Grado en Periodismo de la USJ, y Sara Calavia, alumna de 5º curso del doble grado de Comunicación Audiovisual y Periodismo de la USJ. La presentación estuvo organizada por Cultura USJ con la colaboración de Editorial Diéresis y Librería París.

«Cowboys en el infierno» es la segunda novela de Pampliega, donde el autor narra la experiencia de dos corresponsales de guerra españoles en la batalla de Alepo (Siria) en el año 2012. La ficción y la realidad se mezclan irremediablemente en las líneas que componen la trama de la historia. «Más de un 85% de lo que aquí cuento es real», afirmó el autor, quien fue secuestrado por Al Qaeda en 2015 y permaneció en cautiverio, sin saber si cada día sería el último de su vida, durante 299 días.

Antonio Pampliega habla con calma de vivencias terribles, con la tranquilidad de quien habiendo visto «cosas que nadie debería ver», como afirmó, viviera la vida desde una perspectiva personal de paz y sosiego. Sin embargo, esa aparente armonía esconde secretos confesados durante el encuentro, como la necesidad de seguir tratamiento psiquiátrico, y el haber cesado en su actividad sobre el terreno por varios motivos: la marca que dejó en él su secuestro, el nacimiento de su hija o el asesinato de su compañero y amigo Roberto Fraile en Burkina Faso en el año 2021, entre otros.

La conversación alrededor de la novela se intercalaba de manera constante con experiencias vividas en primera persona, y un sentimiento compartido de empatía, humanidad y congoja colectiva impregnaba el ambiente.

Sergio Melendo y Sara Calavia, que arroparon a Pampliega durante todo el encuentro, se interesaron por algunas de las expresiones que el autor emplea en el libro, como la de ser «un yonki de la guerra». Y es que, por paradójico que resulte, cuando uno está en medio de una batalla, donde la muerte acecha en todo momento y lugar, «la adrenalina te hace sentir extraordinariamente vivo; la tensión y el riesgo enganchan poderosamente».

Tras esta afirmación, Melendo se preguntó si la retribución económica compensaba semejantes riesgos personales, y es aquí cuando Pampliega aportó otro dato que, una vez más, dejó boquiabiertos a los asistentes: durante la guerra de Siria como corresponsal de guerra freelance, a Antonio Pampliega le pagaban 35 euros brutos a repartir con el cámara que le acompañaba. «Para poder desplazarme la primera vez a Siria tuve que pedir un crédito bancario. Mi padre llegaba a decirme que no tenía una profesión, sino un hobby muy caro. La motivación viene de otra parte, y mi compromiso era y es con la gente que sufre».

Antonio Pampliega se mostró muy crítico y, también, muy pesimista con la profesión periodística. «Estoy bastante desencantado. Hay gente que habla de todo, literalmente, sin haber estado en ningún sitio. Tertulianos de todo. Un corresponsal cuesta dinero, y la gente no valora lo que cuesta pagar para mandar a un profesional sobre el terreno. Dinero hay, pero no se quiere gastar en esto» y, como reflexión, añadió «veremos cuántos corresponsales envían los medios a cubrir el próximo Mundial de fútbol».

Ante toda la información aportada por Pampliega, que ilustró la charla con algunos videos y fotografías de la guerra captados por él mismo, Calavia quiso saber si el autor pensaba en algún momento en escribir unas memorias como corresponsal de guerra. Pampliega, sin embargo, no lo contempla, porque cree que «se convertiría en una especie de ensayo, con un nicho de público y mercado muy reducido, y esta novela, en realidad, ya está inspirada en personas y acontecimientos reales vividos por mí, pero el lector puede leerla desde la distancia de la ficción».

Hacia el final de la charla, el escritor dejó unas últimas reflexiones que ilustran muy bien los riesgos que asume un corresponsal de guerra, como que «yo siempre me preguntaba por qué corríamos en dirección contraria a la gente; por qué nosotros nos dirigíamos hacia el lugar del que la gente huía. Esta profesión se ejerce por compromiso personal y no se puede romantizar la guerra, porque esta no tiene nada de romántico: es una carnicería».

Tras las preguntas del público, entre quienes se encontraba la madre de una joven corresponsal de guerra zaragozana que hoy en día está cubriendo la guerra de Ucrania, Antonio Pampliega firmó ejemplares de su libro, dedicando a cada una de las personas que le acompañaron durante la presentación tiempo y palabras cargadas de agradecimiento, complicidad y cercanía personal.